Educar es lo mismo que poner un motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar......
y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá nuestra
bandera enarbolada.
Gabriel Celaya
miércoles 4 de junio de 2008
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9 comentarios:
Qué cierta, ¿no?
¡Gracias por compartirla!
¡Un beso!
Claro que sí. La educación por encima de todo. Un abrazo, Machote.
la educacion es la base de todo .....
viva la educacion libre !!
un abrazo
Educar es mazo dificil pero..
con constancia se consigue!
Y sobre todo con cariño eh??
Buena elección para la entrada...eso es lo que haces tú con tus niños, no?...buenas enseñanzas. ciao
Precioso :)
Hermosa forma de describir un gran compromiso, una gran responabilidad.
Salu2
Educar, ufff!!!
¡Qué difícil es a veces! Lo que sirve para uno no sirva para otro.
¿Sólo kilo y medio de paciencia? Debe ser que yo tengo poca y necesitaría tonelada y media.
Lo peor, ¡empiezan sus tres larguísimos meses de vacaciones!
Bonito poema que no conocía y he copiado para tenerlo presente.
Gracias
A cambio de la copia:
"Por favor, no hagan ruido
en la tranquilidad de este poema
escrito con la mano
del que cierra la puerta al apagar la luz.
Mis tres hijos acaban de dormirse.
Necesito el silencio para pensar en ellos.
Colores indelebles en un lápiz
de trazado infantil,
vuelven a dibujar
-pero esta vez en srio-
un árbol, una casa, lamemoria
de una luz encendida
con sabor a diciembre,
los cristales del miedo
y la ilusión del porvenir
bao el sol de los días laborables.
Un hijo es segundo país donde nacemos.
Con su falta de edad nos hace cumplir años
y nos devuelve
al mundo del reloj,
a las llamadas telefónicas
que son una raíz
en la orilla del tiempo.
Un hijo nos enseña a preguntar
con voz de agua
la verdad decisiva de la tierra.
Ser como juncos, y en amor flexibles,
no asegura respuestas
ni confirma el reposo.
Elisa, Irene, Mauro,
cada cual con su puerto y con su lluvia
luces cambiantes en el mismo río.
Nadie comente, por favor,
que acabo de escribirles un poema.
Los hijos crecen con espinas.
Nunca sé imaginar
lo que pueden decir de lo que digo
lo que pueden pensar de lo que pienso
lo que pueden hacer con lo que hago.
Luis García Montero
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