Se levantó ese día como todos los demás, sonó su despertador, lo paró, remoloneó por la cama cinco o diez minutos y se dispuso a acicalarse, solo por verse guapa ella misma.
Se pintó las pestañas de negro, pestañas que aún conservaban algo de rimel del día anterior.
Se arregló un poco el vestido estampado de flores. Se miró de perfil y pensó "Qué gorda estoy últimamente"
Bajó a la calle, la misma gente de todos los días, el mismo quiosquero, los mismos abuelos sentados en el mismo banco de días atrás.
Parecía que el tiempo no pasaba para ella, era como si todos los días fuesen igual, sabía qué iba a ocurrir instantes después. A veces al doblar la esquina pensaba "Ahora estará por aquí la señora rubia paseando al perro..." e instantes después aparecía.
Entró en el bar. El camarero le puso el café, a su gusto, sin que hiciese falta pedírselo o hacerle un gesto. Un café con leche, corto de café y la leche templada.
A veces tomaba dos.
Se sentó en la mesa de debajo de la tele, la que hace esquina. Mientras veía a su alrededor parejas hablando y tomando café, pensaba "Qué afortunada soy"
1 comentarios:
me gusta mucho a ver si sigues por esa línea, me has dejado con gans de más :)
un saludo y espero que te halla ido bien el verano
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